Dos de octubre

He querido sentarme a escribir sobre este día desde hace muchos. El insomnio que me visita cada noche sirve de libreta de papel y cuando el sueño llega por fin, despierta más tarde con el regalo del olvido de todas las frases hiladas al alba.

Luego llega el día y con él, el trabajo incesante de mi cuerpo en gestar otra vida. La luz del sol se ocupa solo de la fotosíntesis que sucede bajo mi piel y alimenta a un nuevo ser.

He querido escribir sobre todas las lágrimas que me han visitado cuando investigando he encontrado la raíz de todos nuestros dolores y nuestros desencuentros. De cómo hace ciento treinta años alguien con la boca llena de palabras sagradas se atrevía a borrarnos de la historia a todos aquellos que teníamos “sangre de la tierra”, es decir a todos los que en sus anales llamaron con nombres tan comunes y tan improbables hoy en día como: mestizos, castizos, mulatos, salta atrás, jíbaros, albarazados, cambujos, zambaigos, tente en el aire, no te entiendo, torna atrás… entonces se nos era negado todo, la educación sobre todo, como sucede aún hoy, con otras razones.

He querido escribir sobre el dolor que produce la ignorancia y el prejuicio de quienes no nos conocen y creen que hemos nacido en un infierno cuando en realidad hemos nacido en un lugar igual a todos los lugares de la tierra, es decir lleno de luz y oscuridad, de retos y oportunidades, de amor y desamor; ¡que alce la mano quien ha nacido en el paraíso! Todos y ninguno, la tierra es una sola y la luna es la que manda.

He querido escribir sobre este día poderoso, lleno de esperanza y de temor, pero sobre todo de esperanza, porque la luna nos acompaña y eso es imbatible.

He querido escribir muchas cosas, pero primero está la vida, a la que le robo este instante efímero antes de que el cansancio y las náuseas me recuerden que tengo que continuar en la tarea de olvidar un poco el exterior y volver mis manos a mi vientre.

La lluvia siempre ha sido de buena suerte, y en Colombia las nubes hicieron fiesta desde temprano. Y donde no haya llovido, no pasa nada, mando yo mis lágrimas.

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